En cuanto a la Feria, la verdad es que me llevé una buena impresión, pensé que sin duda, la peñita en esa fiesta la podía armar una buena. Mucha bebida, comida, música, no sólo sevillanas, preciosas mujeres andaluzas y un solajero que rompía las piedras. La compañía que hasta allí nos llevó se puede decir que era envidiable, María, Tere, Mari Ángeles, Marina, todas amigas de María, Sergio y yo. Rodeados de pijos y kinkis jerezanos, las llamativas mujeres andaluzas vestidas con sus trajes típicos, de gitanas, hacían las delicias de mi retina, que siempre debía estar alerta para no hundir mi pie en una inmensa montaña de m… de caballo. Unos bailes de algo que se podría llamar rumbatón o flamentón y muchos vasos de “rebujito” la bebida estrella de este tipo de eventos (fino con sprite), fueron algunos de los puntos fuertes de esta feria.
En cuanto a Cádiz, lo digo públicamente, he de rendirme a la evidencia, es una ciudad con mayúsculas, una ciudad con historia, lugares increíbles, muy buena gente, unas playas para quitarse el sombrero y mar, mar y mucho mar, una gran ciudad sin duda. Degusté el agua del atlántico lejos de mis amadas islas, y la degusté sólo, pues en la playa había bastante gente, pero nadie ponía un pie en el agua, por frío decían, pero amigos, si te has metido en Radazul o Teno antes del mes de Julio, necesitas ver pingüinos a tu lado y apartar bloques de hielo para decir que tienes frío.
Muy bien tratado y acogido por la familia y las amigas de María no puedo más que decir que doy mi bendición a la idea de que Sergio algún día se instale a vivir en Cádiz, y por supuesto, que celebre allí su más que posible boda. He tanteado el terreno y estoy convencido de que allí no sólo se puede, sino que se debe ser feliz.
Ahora, la siguiente fase del videojuego es también muy dura, recibir al Josu el próximo miércoles y ver como Madrid se quema a nuestros pies… estoy impaciente.
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